La cintura
cósmica del sur
Olvidar el
pasado, vivir en un presente continuo desconociendo el entramado que nuestras
vidas tienen con los hechos que nos han precedido, es clausurar la puerta a la
experiencia de sabernos parte de ellos. Ese pasado que duele, que se estrecha
la mano en un callejón a oscuras con las guerras que destrozaron pueblos y
países originando éxodos hacia nuevos horizontes fueron las que conformaron
nuestra identidad. Pero no hay que irse demasiado lejos, ni viajar miles de
kilómetros, un recorrido por las calles de La Boca nos devuelve la historia de
los inmigrantes europeos de principios de siglo y la de nuestros hermanos
latinoamericanos.
La
historia nos revela que la inmigración fue un componente significativo en la
dinámica demográfica argentina como también lo fue en la vida social, económica
y cultural de nuestro país. Argentina fue junto con los Estados Unidos y Brasil
uno de los países de mayor recepción de
la emigración transatlántica de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Caminando
por las calles de La Boca se observan los resabios de aquellas inmigraciones
pero también de las nuevas, especialmente de los migrantes paraguayos que han
elegido ese barrio como su lugar en el mundo.
En su
mayoría, los hombres son trabajadores de la construcción y las mujeres del
servicio doméstico. Hombres que arrastran carretillas repletas de arena
intercambian palabras en su lengua nativa, el guaraní, regresando por unos
instantes a un pasado común mientras se acercan a la canasta colmada de chipá. Y
las mujeres se encargan del cuidado de los niños y de la limpieza de los
hogares de muchas familias argentinas, que las integran a sus prácticas diarias,
a sus confidencias y al círculo de sus afectos más entrañables.
El lado
oscuro de la luna enceguece cada vez que políticos irresponsables manipulan a
la opinión pública utilizando a los migrantes como chivo expiatorio de todos
los males que aquejan a nuestra sociedad, como el déficit habitacional, la
ocupación ilegal de inmuebles y hasta la prestación de los servicios de salud
en los hospitales públicos y gratuitos que se extienden por toda la ciudad de
Buenos Aires. Se deriva así, la atención hacia el otro, alentando las peligrosas fuerzas de la xenofobia.
***
--- ¿Por qué eligieron La Boca para vivir?
---
Vinimos a La Boca porque había más
ambiente de unión, era cómodo trabajar y ya acá estaba mi tío en la calle
Brandsen y nos consiguió dónde vivir.
Lilian
Mendoza Espinola sonríe, tiene 36 años, dos hijos David y Yanina, trabaja en su
propio negocio desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche, apenas un descanso
de 2 horas la devuelve a su casa, a tomar un borì borì, espeso caldo que
contiene bolitas de maíz con queso.
Quiere
hablar, quiere contar su historia.
Llegó a la
Argentina en 1992 con su esposo, Eliodoro, él empezó a trabajar en “ IL
Materello, restaurant que se encuentra en la calle Martín Rodríguez, es un conventillo
reciclado con buen gusto y excelente atención, de precios muy elevados dónde
van los jugadores de Boca y otras estrellas del fútbol nacional. Alquilaron una
casa en Pinzón y comenzó a trabajar “cama adentro” en una familia, los Tachi, a
quienes nombra con afecto genuino.
--- ¿Tus hijos hablan el guaraní?
--- Ellos
entienden el idioma pero no lo hablan, los dos son argentinos. Mis hijos se
unen más con los argentinos que con los chicos paraguayos. A los chicos les
cuesta hablar en guaraní por más que uno les hable, ellos nos entienden pero no
lo hablan.
Lilian no
puede ocultar la vergüenza o quizás el dolor que esto le produce, su rostro
deja de sonreír, mira el grabador como un testigo insobornable, sospecha que su
lengua de no ser hablada por sus propios hijos muera, lejos, demasiado lejos de
su tierra natal.
--- ¿Pensaste alguna vez en regresar?
--- Y sí,
tenemos la idea de volver. Allá es tranquilo pero no hay trabajo, acá hay
trabajo. Cuando logré tener el negocio sentí que tenía algo mío, allá no hay
nada.
Sus ojos
se quedan suspendidos en un manojo de llaves que toca y revuelve con fuerza o
posiblemente en esa puerta que abrió a la esperanza sin contar que la nostalgia
iba irremediablemente a colarse para mostrarle sus años más jóvenes y aquellos
días calurosos que acompañaron su niñez en Quynde, lugar donde nació.
--- ¿Qué proyectos tenés ahora que lograste tener
tu propio negocio?
---
Quisiera comprar una casa pero acá en La Boca y que mis hijos tuvieran una
profesión, que trabajen pero que estudien lo que ellos quieran.
--- ¿Sentiste alguna vez discriminación?
--- Nunca,
nunca la sentí, aunque acá no hay lugares para reunirnos, acá en La Boca… hay
uno pasando el puente y es muy familiar, muy lindo, nosotros vamos siempre -le
pregunté la dirección pero no la sabía, aunque sí que el puente era el
Pueyrredòn-. Nosotros los paraguayos somos muy trabajadores, nadie puede decir
que no trabajamos. Soy feliz de estar acá pero me quiero volver.
***
La Boca
pertenece junto a Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya a la Comuna 4, los
datos que arrojó el censo del 2010 (fuente INDEC) fueron los siguientes: de los
países limítrofes con un total de 26.695 personas nacidas en el extranjero,
17.286 son nacidos en Paraguay. La población total de la Comuna es de 217.640 personas.
Y cuando
se nombra a Paraguay resuena en la memoria la guerra de la Triple Alianza, ésta
que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y
1870. Hasta 1865 el gobierno paraguayo, bajo los gobiernos de Carlos Antonio
López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas
metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. La mayor parte de las
tierras pertenecían al Estado, que ejercía el monopolio de la comercialización
en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El
Paraguay era la única nación en América Latina que no tenía deuda externa. El
enfrentamiento respondió a los intereses británicos y al deseo de acabar con un
modelo autónomo de desarrollo.
El
conflicto bélico del Paraguay fue una gran matanza cercana al genocidio. Antes
del inicio de la guerra su población contaba con 1.300.000 habitantes. Al final
del conflicto, sólo sobrevivían unas 200.000 personas. De éstas, únicamente
28.000 eran hombres; la mayoría de las cuales eran niños, ancianos y
extranjeros. Del poderoso ejército paraguayo de 100.000 soldados, en los
últimos días sólo quedaban 400.Las mujeres paraguayas como muestra de su
valentía y compromiso, les pintaban los bigotes a sus hijos de entre 8 a 10
años para que su apariencia se confundiera y los alentaban para ingresar en la
lucha. Luego del exterminio de gran parte de su población, la nación paraguaya
nunca pudo recuperar su antiguo esplendor.
El
caudillo catamarqueño Felipe Varela proclamó por una rebelión, negándose a
participar en una guerra fratricida diciendo: “Ser porteño es ser ciudadano
exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin
derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales,
nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden
común, la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas
americanas”.
Ese
compromiso que pregonaba Felipe Varela en el siglo XIX con la Constitución
jurada y con la amistad que une a
Argentina con Paraguay se hizo efectivo frente al golpe del 22 de junio
perpetrado por Federico Franco en contra del presidente Fernando Lugo. Las
naciones del Mercosur suspendieron de manera temporal a Paraguay como miembro del
órgano de integración latinoamericana e incluyeron al mismo a Venezuela.
***
Juan
Carlos Vivas expone sus pinturas en Caminito, vive en La Boca desde que nació,
tiene 47 años y habita una de las habitaciones de un conventillo sobre la calle
Lamadrid al 800, en el mismo lugar hay muchos pintores que, como él, se unen a
la bohemia mediante el pago de un alquiler. Alto, extremadamente delgado,
cabello hasta la cintura y sombrero de paja, se dice budista y admirador de
Salvador Dalí.
--- ¿Qué me podés contar de los cambios que se han
producido en La Boca en los últimos años?
--- Si empiezo,
no termino más. Acá está lleno de paraguayos, lleno… Hacen lo que quieren pero
yo no me quiero pelear. Mirá, para poder exponer acá en Caminito me querían
cobrar, y yo les dije: “ A mí, no eh! Soy de La Boca desde que nací, a mí no me
van a cobrar”.
--- ¿Quiénes te querían cobrar, gente que vino de
Paraguay?.
--- No,
los que mandan acá en la feria -sin preguntarle, prosigue-. Antes era distinto
porque había tanos y gallegos.
--- ¿No tenès amigos paraguayos?
--- No!
Hay una familia que se construyó una pieza y cerraron el pasillo de entrada,
ellos dicen que lo compraron, no sé. Ni hablarles quiero.
--- ¿ Lo intestaste por lo menos?
--- Para
qué, todos se hicieron de Boca y gritan: “ Boquita… Boquita·”, no piensan en
otra cosa, es como dijo Macri, la frontera es un colador, entra cualquiera. -
enciende un cigarrillo y mira a su alrededor en espera de algún cliente europeo
que se interese por sus cuadros-¿ No ves que a mí me saludan todos? A mí todos
me conocen acá.
***
Alejada ya de la feria y de Juan Carlos se escuchan
los cantos dirigidos a los hinchas de Boca: “
Todos los llaman los negros de mierda, son los esclavos de Paraguay, viven en
ranchos a dos cuadras del riachuelo, como los bagres comen mierda y nada más”. El concepto de raza pertenece al
mito pero no elimina la existencia del racismo y su nueva forma de expresión,
el etnismo, que se basa no en las diferencias biológicas sino en las
culturales. Nace como el huevo de la serpiente el prejuicio que permite delinear
en una misma continuidad un “ nosotros” que se enfrenta a “ los otros”. Ese
“otro” es tan semejante que se vuelve insoportable y se lo construye de manera
imaginaria con los peores atributos, los cuales explican el odio o la bronca y
quizás también los propios fracasos. Pero si a ese “otro” que el espejo se
encarga de devolverlo cada día lo vemos en nuestra propia humanidad, otra
historia comenzará a escribirse.
Mónica A. Iglesias